Para generar el campo magnético extremadamente fuerte, en el interior del imán se encuentran bobinas. Para que estas sean libres de resistencia — una propiedad llamada superconductividad — las bobinas deben estar extremadamente frías. Esto se logra mediante helio líquido, que tiene una temperatura de −269 °C (4 Kelvin). Esta temperatura dentro del imán se mantiene mediante una cabeza fría y un compresor de helio. Juntos producen el característico sonido rítmico en la sala del imán.